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La percepción del dolor es variable en cada persona, y está, en parte, determinada por lo que se conoce como "umbral doloroso". Algunas personas tienen un umbral doloroso muy elevado y toleran dolores que otras personas hubieran considerado intensos mucho antes. La intensidad del dolor es, junto con los procesos físicos, fuertemente influenciada por nuestras emociones y sentidos. El equilibrio, la alegría de vivir y la paz interior actúan de manera relajante y hacen el dolor más soportable. Las preocupaciones y el temor, por el contrario, conducen a tensiones que pueden hacer al dolor más insoportable.
Inmediatamente después de un accidente, uno usualmente no siente dolor, a pesar de estar lastimado debido a que el cuerpo está bajo estrés o en estado de shock. Es sólo una vez que la situación estresante ha pasado que el dolor emerge con su total intensidad. Esta reacción, nos ayuda a superar situaciones estresantes o peligros.
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